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El petróleo se dispara por la guerra en el Golfo: el Brent registra su mayor salto desde el Covid y advierten que podría superar los 150 dólares

Los mercados energéticos atraviesan una de sus semanas más volátiles en años. Los futuros del crudo Brent se encaminan a registrar su mayor subida semanal desde los primeros meses de la pandemia de Covid-19, impulsados por la creciente tensión en el Golfo Pérsico tras la campaña aérea estadounidense-israelí contra Irán, denominada Operación Furia Épica.

 

El repunte ya supera el aumento cercano al 20% que se produjo al inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania en 2022. La escalada militar ha provocado una crisis energética regional al paralizar parte del tráfico comercial a través del Estrecho de Ormuz —uno de los corredores marítimos más estratégicos del mundo— y afectar la producción de petróleo y gas en varios países de la zona.

 

En medio de este escenario, el ministro de Energía de Qatar, Saad al-Kaabi, advirtió en declaraciones al Financial Times que el conflicto podría derivar en un shock económico global si las hostilidades continúan.

 

Según el funcionario, los combates en el Golfo podrían obligar a los principales exportadores de energía de la región a suspender su producción mediante cláusulas de “fuerza mayor”, una situación que tendría repercusiones directas sobre el suministro global y los precios.

 

“Esperamos que todos aquellos que aún no han declarado fuerza mayor lo hagan en los próximos días si esta situación continúa”, afirmó Kaabi. “Los exportadores de energía del Golfo se verán obligados a recurrir a esta medida. De lo contrario, podrían enfrentar responsabilidades legales en el futuro”.

 

Qatar, que es el segundo mayor productor de gas natural licuado (GNL) del planeta, ya tuvo que declarar fuerza mayor esta semana luego de que drones del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) atacaran instalaciones vinculadas a la planta energética de Ras Laffan, uno de los complejos gasíferos más grandes del mundo.

 

Kaabi advirtió que las consecuencias económicas podrían ser severas si la guerra se prolonga. “Esto podría derribar economías alrededor del mundo”, señaló. “Si el conflicto se extiende durante varias semanas, el crecimiento global del PIB se verá afectado. El precio de la energía subirá para todos, habrá escasez de ciertos productos y se generará una reacción en cadena en la industria, con fábricas incapaces de abastecer la demanda”.

 

El ministro añadió que aún no se conoce con precisión la magnitud de los daños causados por los ataques. “Las evaluaciones siguen en curso y todavía no está claro cuánto tiempo llevarán las reparaciones”, explicó.

 

En paralelo, analistas del mercado energético intentan calcular cuánto tiempo podría soportar el sistema global de suministro antes de entrar en una fase crítica. Un análisis reciente señaló que alrededor de 25 días de interrupciones en el área del Golfo, especialmente en el estrecho de Ormuz —considerado uno de los principales “cuellos de botella” del comercio energético mundial—, serían suficientes para desatar un pánico real en los mercados.

 

A este diagnóstico se suman los cálculos de JPMorgan, que también han estudiado los posibles escenarios derivados de una interrupción prolongada en esa ruta estratégica.

 

Durante un seminario web con analistas de UBS, el economista energético Anas Alhajji presentó además un posible cronograma para un escenario de caos en los mercados energéticos.

 

Según Alhajji, si el conflicto se prolonga durante aproximadamente cuatro semanas, el mercado podría perder el control de la situación. “Cuando digo fuera de control, me refiero a que incluso si China comenzara a liberar petróleo de sus reservas estratégicas, eso podría no aliviar la situación”, explicó.

 

El analista señaló que existe un riesgo adicional: que Pekín decida restringir sus exportaciones energéticas para asegurar el abastecimiento interno. “En ese caso, ese petróleo se quedaría dentro de China y no llegaría al mercado internacional. Contábamos con ese volumen disponible y ahora podría desaparecer”, advirtió.

 

Más allá del impacto inmediato sobre el suministro, Alhajji planteó interrogantes más amplios sobre la naturaleza del conflicto. Entre ellos, si la guerra responde exclusivamente al programa nuclear iraní o si forma parte de una confrontación geopolítica mucho más extensa.

 

El experto subrayó que esa diferencia es clave para anticipar los efectos a mediano y largo plazo. También sugirió analizar la crisis en un contexto más amplio que incluye tensiones entre grandes potencias, guerras comerciales, competencia tecnológica en inteligencia artificial, disputas por rutas estratégicas como el Canal de Panamá o el Mar Rojo, y conflictos regionales que involucran a países como Venezuela o Siria.

 

“Podríamos estar viendo varios conflictos dentro de un conflicto mayor”, explicó, donde distintos actores aprovechan la situación para avanzar en sus propios objetivos estratégicos.

 

Desde el punto de vista del mercado, el principal problema inmediato es la reacción de pánico en las compras de energía. Arabia Saudita, el mayor exportador de crudo del mundo, enfrenta limitaciones para responder rápidamente al déficit de suministro, mientras que la capacidad de Estados Unidos para liberar reservas de su Reserva Estratégica de Petróleo (SPR) es limitada.

 

En este contexto, los precios del crudo podrían superar con facilidad los 100 dólares por barril. Sin embargo, el temor a una desaceleración económica global podría moderar parcialmente el aumento al reducir el crecimiento de la demanda.

 

Además, algunos analistas advierten que el impacto sobre el gas natural licuado y los líquidos de gas natural (NGL) podría ser incluso mayor que sobre el propio petróleo.

 

Otro factor crítico es el tiempo necesario para restablecer la normalidad. Incluso si el conflicto terminara de inmediato, expertos estiman que los problemas logísticos y técnicos implicarían al menos dos meses para normalizar completamente el suministro energético.

 

A esto se suma un escenario de escasa cooperación internacional, en el que cada país intenta proteger sus propios intereses energéticos ante la incertidumbre.

 

Mientras tanto, los mercados ya reflejan el impacto de la crisis. Los futuros del Brent acumulan una subida cercana al 21% en la semana, superando el aumento registrado al inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania y marcando su mayor ganancia semanal desde mayo de 2020.

 

Por ahora no existen señales claras de una desescalada. Informes recientes indican que fuerzas vinculadas al IRGC habrían atacado un petrolero de propiedad estadounidense cerca de Kuwait, lo que añade nuevas tensiones a la región.

 

Las grandes instituciones financieras también comienzan a ajustar sus previsiones. Analistas de Goldman Sachs advirtieron esta semana que el precio del crudo podría alcanzar los 100 dólares por barril en el corto plazo si continúan las interrupciones en el suministro.

 

Las distorsiones ya se sienten en otros combustibles: los futuros del diésel han subido alrededor de 40% en apenas una semana, mientras varios bancos centrales alertan sobre un posible repunte de la inflación global.

 

El impacto es especialmente preocupante para Asia, región altamente dependiente del petróleo del Golfo. En particular, la exposición de China al suministro energético de esta zona plantea un riesgo significativo: si el conflicto se prolonga, Pekín podría enfrentar un shock energético capaz de transformarse en una crisis financiera de mayor escala.