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Exjefe de Tránsito de la Policía Panameña Aprehendido por Enriquecimiento Sospechoso de 400.000 Dólares – ¿Venganza Tardía Contra Periodista que lo Expuso por A

Desde los golpes de estado en los 80 hasta las redes de corrupción que devoran presupuestos públicos hoy. Amigos, en un giro que huele a karma implacable, el excomisionado Javier Fanuco, una vez intocable al mando de las operaciones de tránsito de la Policía Nacional, fue esposado este jueves por no poder explicar de dónde sacó 400.000 dólares en bienes y efectivo. ¿Coincidencia? Justo ahora, mientras la justicia lo aprieta por el cuello, resurge su guerra personal contra una periodista valiente que lo puso en jaque hace ocho años por un escándalo de acoso sexual. Esto no es solo un arresto; es el capítulo final de un drama que expone cómo los peces gordos usan las demandas como balas contra la prensa libre.

Fuentes exclusivas de la Fiscalía Anticorrupción y la Dirección de Investigación Judicial (DIJ) confirman a que Fanuco, de 58 años y exdirector de la Dirección Nacional de Operaciones del Tránsito (DNOT) entre 2014 y 2018, fue detenido en su casa en el corregimiento de Ernesto Córdoba Campos, en el distrito de Panamá. Los investigadores lo arrastraron hasta la sede de la DIJ en Ancón, donde no pudo justificar ni un centavo de esos 400.000 dólares en incrementos patrimoniales injustificados – casas, vehículos y cuentas bancarias que no cuadran con su salario de uniformado. La Fiscalía, con el respaldo de auditores de la Contraloría, lo imputará formalmente por enriquecimiento ilícito, un delito que en Panamá puede acarrear hasta 12 años de cárcel y la confiscación total de lo robado al erario público. Mañana viernes, un juez de garantías decidirá si lo manda a la cárcel de El Renacer o le pone grilletes electrónicos, pero con este monto, no espere piedad.

Pero retrocedamos, porque esta no es la primera vez que Fanuco baila con la justicia – ni con los medios. En septiembre de 2017, el mundo lo vio tambalearse cuando Jozeth Montero, un excabo de la Policía Nacional, estalló en una entrevista explosiva en Nex Canal 21. Frente a la cámara, Montero acusó a Fanuco de acoso sexual sistemático dentro de la institución: tocamientos no consentidos, presiones en vestidores y amenazas veladas para silenciarlo. La presentadora Guadalupe Castillero, una periodista de hierro forjada en España e Israel, no titubeó: dio el micrófono a la víctima, leyó los mensajes de WhatsApp donde Fanuco ignoraba el derecho a réplica, y dejó que el escándalo ardiera. ¿Resultado? Menos de un mes después, en octubre de 2017, el entonces director de la PN, Omar Pinzón, "reorganizó" la institución y sacó a Fanuco de la DNOT, reemplazándolo por el comisionado Ismael Herrera. Oficialmente, fue "dinámica interna". En la calle, todos sabían que era un despido disfrazado.

Fanuco no se quedó callado. Furioso, contraatacó con una demanda civil por daños y perjuicios contra Castillero, Nex TV y su canal 21, exigiendo 2 millones de dólares – una fortuna que olía a intimidación pura. El abogado que lo representaba no era cualquier tiburón: Alvin Weeden, excontralor de la República con su propio historial de sombras éticas. Fanuco alegaba que la entrevista lo había "destruido moralmente", pero el juez Hilario González Ariza, del Juzgado Decimotercero del Primer Circuito Judicial, lo desmontó en seco: las pruebas eran nulas, y las pretensiones se rebajaron a 25.000 dólares, que tampoco vio ni en pintura. Castillero, respaldada por el Colegio Nacional de Periodistas (Conape), contraatacó con un comunicado en redes: "Funcioné como canal de expresión con imparcialidad total, como exige mi código ético. Tengo claros mis valores periodísticos; hice esa entrevista con la mayor responsabilidad". Colegas como Juan Carlos Tapia, el icónico presentador de boxeo, no se mordieron la lengua: "Se metieron con una dama que es periodista. Van a perder la poca credibilidad que les queda. Esto es intimidación pura contra quien solo hizo su trabajo legal y respetuoso".

Hoy, con Fanuco tras las rejas por corrupción, el fantasma de 2017 regresa como un boomerang. ¿Es esto justicia poética, o un intento desesperado de él y sus aliados por silenciar a la prensa que lo desnudó? Panamá ha visto oleadas de "terrorismo judicial" contra periodistas – demandas millonarias para quebrar bolsillos y espíritus –, pero este caso grita más alto: un exuniformado que juró proteger la ley, ahora la pisa mientras apunta a quienes la defienden. La Policía Nacional se lavó las manos en 2017, y hoy, bajo el mando de Alonso Vega Pino, insiste en que no tiene nada que ver con las andanzas privadas de Fanuco. Pero el daño está hecho: confianza pública en picada, y un recordatorio brutal de que en Panamá, la corrupción no solo roba dinero, sino también la verdad.

El veredicto de mañana podría ser el clavo en el ataúd de Fanuco, pero la batalla por la libertad de prensa apenas comienza. Seguiremos desde las trincheras, porque en esta jungla de poder, los que callan son los que pierden.